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Sevilla de las Escobas
a Federico García Lorca
Cuidado Sevilla que vas a perder el alma; la Taberna de las Escobas ya está cerrada.
Hay sólo ecos en la solera y donde corrían los finos, amontillados y olorosos está un ángel, piel de escarcha con un copón de sollozos.
Cuidado Sevilla mía, Sevilla de los gitanos que en el rincón de guitarras sólo hay papeles floreados.
Lope con elegante ademán bebe su solera fina dando la espalda a Byron y Béquer que se disputen el amor de La Giralda. Cervantes y Dumas discuten en laberintos de sueños el hecho de que la taberna fue violada por sus dueños.
(En el portón del Patio de las Naranjos los santos de piedra guardan sus silencios almidonados.)
El cardenal arzobispo trata de ocultar bajo su casulla de oro el cotorrear de pericos y la luz de su tesoro.
¡Ay! hija de La Giralda, Sevilla enamorada, la Taberna de las Escobas ya está cerrada; un azulejo malhecho lo hace de epitafio oscuro donde un barbero burlón se mira fumando un puro.
Allá en el Cortijo de Frías los condes cantan borrachos y en el puente de San Telmo el río se cruza de brazos mientras al pie de la Torre de Oro se enamoran los muchachos.
¡Ay! Sevilla de naranjos, de aceitunas y claveles ni bulerías ni soleares podrán cambiarte la suerte.
(En la sala capitular al centro de la cabeza tengo un concilio de duendes para canonizar la taberna.)
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